jueves, 9 de julio de 2015

Una despedida, por Elena Medel


"II

(Soy Salomón. Pienso construir un altar secreto para los domingos. No busco de vosotros
            una mano en la espalda, sino que la tendáis para ayudarme a escapar de la marea.
El río al que caí multiplica su caudal conforme los otros lloran. Mi corazón es una esponja,
            una caja negra que recoge
todo cuanto sucede.
El tanatorio, mientras, ejerce su función. Alquiler igual a frío.
Una mujer rubia, pálida, me da la bienvenida. Soy Salomón. Te mostraré mi altar secreto si me guías hasta donde descansa)

Ofelia al otro lado del cristal, Angélica después de cuatro años, respetada por las aguas,
mientras yo pataleo para no ahogarme. Pronuncio agua y lloro por aquello de lo que
            carezco. Como pulsar un botón en lo profundo de mi espalda. Lo conocido me
            zarandea.
Dijiste dos días antes: cuando mejore, iré a la peluquería a arreglar este desastre.
El cristal mostraba lo contrario: en tu pelo antes gris, revuelto, brillarán los bucles durante
            cuarenta días y cuarenta noches.
Nunca vulnerable, nunca muerta: tan hermosa como la última vez en que nos vimos.

(Dios, entonces, posó sus manos sobre mis hombros y me sentí sola)"


Elena Medel, fragmento del poema "Tara", Tara (2006) 



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